viernes, 28 de junio de 2013

Nieves

Siempre hubieras querido tener una niña. Por eso, en cada embarazo, sin saber todavía el sexo, pues en aquella época no se sabía hasta el día del parto, comprabas muñecas, pulseras, lazos y cosas para una niña. Al final tuvistes tres varones. Según una tradición antigua, la posición donde crecía el pelo en la coronilla de un niño, pronosticaba que sexo tendría el siguiente en venir. Por lo visto mi coronilla pronosticaba que el próximo hubiera sido una niña, pero os plantasteis conmigo. Lo tenías muy claro, alguno de tus hijos hubiera sido niña se llamaría Nieves.

Pide un deseo...

Cuando de repente veías que una pestaña estaba en tu mano, cerrabas el puño y la ponías sobre el, me decías; pide un deseo... golpeabas el puño con tu otra mano y si la pestaña ya no estaba en tu piel, sonreias por que sabías que lo que había pensado se cumpliría.

jueves, 27 de junio de 2013

Si tu no estás aquí...

"No quiero estar así,
si tu no estás la gente se hace nadie,
si tu no estás aquí
no sé
que diablos hago amandote,
si tu no estás aquí
sabrás
que Dios no va entender por que te vas..."

Los juanetes

Al final el tiempo fue pasando y no te operaste de los juanetes. Desde que tengo uso de razón siempre te recuerdo con ellos. La bodega, nosotros tus hijos, la casa, nunca sacaste tiempo para ti y para cuidarte. Cada vez te iban afectando más en tu salud, y sobre todo a tus piernas. Tu manera de solucionarlo era ir comprando zapatos cada dos por tres nuevos, de alguna número más grande al que tu necesitabas para que pudieran ajustarse bien. Cuando vendimos la bodega y tuvimos que vaciarla, en el sótano había cajas y cajas de zapatos que habías ido comprando para que pudieras caminar bien y que entraran con aquellos juanetes que cada vez eran más grandes y que por una cosa o por otra jamás te quitaste.

miércoles, 26 de junio de 2013

Mira que eres linda - Antonio Machin

Me cuesta tanto olvidarte...

"Olvidarte me cuesta tanto,
olvidar quince mil encantos
es mucha sensatez..."

Mañana lloverá

Saber si llovería o haría sol, era uno de tus temas favoritos. Incluso en los últimos años, cuando apenas salías de casa un día a la semana para ir a comprar con el Papa, siempre te interesaba saber que tiempo iba hacer. No podía dejar de ver, sobre todo por la noche, el tiempo en la televisión. Era vital para ti saber, si estaría nublado o llegaría a treinta grados la temperatura en Barcelona. Uno de los motivos por los que te gustaba saber el parte meteorológico era por la ropa que tenías que lavar. Así sabías de antemano si podías tender la ropa en el balcón de tu habitación si el hombre del tiempo decía que sería un día soleado. Además siempre he pensado que tenías un don para adivinar que tiempo haría. Cuando era un adolescente, recuerdo que iba a salir una tarde con los amigos. Hacía una tarde de verano espléndida con un sol que iluminaba todo el cielo. Me dijiste que me llevara el paraguas, que iba a llover. No te tomé en serio y no lo cogí. Mientras estaba con mis amigos paseando por el centro, de repente el cielo se oscureció, y cayó un chaparrón que nadie hubiera podido imaginar minutos antes. Solo tu.