Cuando era pequeño José tenía miedo por la noche. Seguro que ese miedo lo notabas, aunque estabas en otra habitación, por eso ibas cada noche y le tapabas con la sabana o la manta hasta las orejas. Le decías que si estaba tapado así no tenía por que tener miedo. Ahora después de muchos años se ha convertido una costumbre para él a la hora de dormir. Tus palabras y tu consejo le sirvieron para que sus miedos huyan para siempre en cuanto cierra los ojos para soñar.
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