Siempre hubieras querido tener una niña. Por eso, en cada embarazo, sin saber todavía el sexo, pues en aquella época no se sabía hasta el día del parto, comprabas muñecas, pulseras, lazos y cosas para una niña. Al final tuvistes tres varones. Según una tradición antigua, la posición donde crecía el pelo en la coronilla de un niño, pronosticaba que sexo tendría el siguiente en venir. Por lo visto mi coronilla pronosticaba que el próximo hubiera sido una niña, pero os plantasteis conmigo. Lo tenías muy claro, alguno de tus hijos hubiera sido niña se llamaría Nieves.
No hay comentarios:
Publicar un comentario